Cómo responde la fauna del Ártico a nuestra presencia

Dos osos polares sobre el hielo marino en un paisaje ártico

La fauna del Ártico responde a la presencia humana de formas que no siempre son inmediatamente visibles. Cuando imaginamos a un animal salvaje perturbado, podemos pensar que huye, vuela o nada para alejarse. Pero en el Ártico, las primeras señales pueden ser mucho más sutiles: levantar la cabeza con mayor frecuencia, dejar de alimentarse, cambiar de dirección, mostrarse más alerta o interrumpir un periodo de descanso.

Comprender estas reacciones es una parte importante de los viajes de expedición responsables. Porque, a veces, el encuentro más respetuoso con la fauna no consiste en acercarse más. Consiste en reconocer cuándo ya estamos lo suficientemente cerca.

 

No todas las reacciones significan huir

Los animales salvajes evalúan constantemente lo que sucede a su alrededor. La presencia humana se convierte simplemente en otro factor que deben interpretar. La respuesta puede variar mucho según la especie, cada individuo, la época del año, la presencia de crías e incluso la dirección, la velocidad y el ruido de una persona, un Zodiac o una embarcación que se aproxima.

Un animal que permanece en el mismo lugar puede haber modificado igualmente su comportamiento por nuestra presencia. Por eso, uno de los principios más importantes al observar fauna del Ártico es muy sencillo: nuestra presencia no debería determinar lo que el animal hace a continuación.

El Norwegian Polar Institute subraya la importancia de evitar perturbaciones innecesarias a la fauna de Svalbard, mientras que las actuales directrices de AECO sitúan la observación sin interferencias en el centro de los encuentros responsables.

 

Osos polares: observar a quien nos observa

Pocos encuentros en el Ártico resultan tan memorables como ver un oso polar en libertad. Sin embargo, los osos polares son también un claro ejemplo de por qué la distancia y el comportamiento son tan importantes. Pueden mostrarse curiosos, cautelosos o impredecibles, y nuestra presencia puede afectarles antes de que nos demos cuenta.

Por ello, la observación responsable comienza mucho antes de que aparezca una reacción evidente. La prioridad debe ser observar el comportamiento del animal, evitar interferir en su recorrido y estar preparados para retroceder si el encuentro empieza a influir en lo que está haciendo.

En Svalbard, esta responsabilidad también está reflejada en la legislación. Los visitantes deben mantener una distancia mínima de 300 metros de los osos polares, que aumenta hasta 500 metros entre el 1 de marzo y el 30 de junio, periodo en el que los osos polares son especialmente vulnerables a las perturbaciones.

Pero la distancia legal es solo una parte de una observación responsable. Si el animal modifica visiblemente su comportamiento, ese cambio puede ser una señal de que nuestra presencia ya está teniendo un efecto. La idea es clara: un buen encuentro con un oso polar no se mide por la proximidad, sino por la posibilidad de observar al animal comportándose con naturalidad.

 

Morsas: cuando descansar importa

Un grupo de morsas descansando sobre una playa o una placa de hielo puede parecer completamente tranquilo. Sin embargo, ese descanso no debe darse por sentado.

Las morsas pueden ser sensibles a la presencia de barcos y personas, especialmente las hembras acompañadas de crías. Un aumento del estado de alerta, más movimiento o cambios frecuentes de postura pueden indicar que es necesario reconsiderar nuestra posición.

Las directrices de AECO  recomiendan mantener el ruido al mínimo, dejar que el comportamiento de los animales determine el encuentro y retirarse con tranquilidad si aparecen señales de perturbación.

La observación de fauna se convierte así en un ejercicio de paciencia. A veces, permanecer quietos, o alejarnos, puede ofrecer un encuentro mejor que intentar reducir la distancia.

 

Aves marinas: pequeñas perturbaciones pueden tener consecuencias mayores

Los veranos del Ártico atraen grandes concentraciones de aves a acantilados, islas y zonas costeras. También coinciden con una de las etapas más sensibles de su ciclo anual.

Durante la nidificación y la cría de polluelos, la perturbación puede hacer que las aves adultas abandonen temporalmente sus nidos. Los huevos y las crías pueden quedar más expuestos al frío o a los depredadores. Muchas especies árticas también nidifican directamente en el suelo, por lo que huevos y polluelos pueden resultar sorprendentemente difíciles de detectar.

Las propias aves suelen indicarnos cuándo algo no va bien. Los charranes árticos y los págalos, por ejemplo, pueden volverse más ruidosos o defensivos cuando alguien se acerca demasiado a sus zonas de nidificación. Lo que desde nuestra perspectiva puede parecer un comportamiento espectacular es, en realidad, una advertencia: estamos demasiado cerca.

Aprender a interpretar esa señal transforma la experiencia. El objetivo deja de ser simplemente ver fauna y pasa también por comprender lo que estamos observando.

 

Zorros árticos: la curiosidad no es una invitación

Los zorros árticos pueden parecer, en ocasiones, sorprendentemente confiados cerca de las personas. Sin embargo, su curiosidad nunca debe interpretarse como permiso para acercarse, tocarlos o alimentarlos.

AECO  recomienda permanecer en silencio y permitir que sean los propios zorros curiosos quienes decidan si quieren aproximarse, limitando además el tiempo que se pasa cerca de ellos y evitando especialmente las zonas de madriguera.

Nunca deben alimentarse, ya que esto puede hacer que los animales que viven cerca de asentamientos, cabañas o campamentos pierdan su miedo natural a las personas.

La investigación también demuestra que la actividad humana puede influir en el comportamiento de formas menos evidentes. Algunos estudios han registrado cambios en los patrones de actividad y en el uso de las madrigueras en zonas sometidas a una mayor presión turística, demostrando que un animal no necesita abandonar completamente un lugar para verse afectado por la presencia humana.

 

Renos: tranquilidad no significa indiferencia

Los renos pueden parecer especialmente tolerantes con las personas. Aun así, el contexto importa.

Sus reacciones pueden variar según cómo se muevan las personas, su velocidad, dirección y nivel de ruido. Una observación responsable implica permitir que los animales pasten, descansen y rumien sin interferencias, aumentando la distancia si se muestran más alerta o modifican su comportamiento. Esto es especialmente importante cuando hay crías.

Un animal que dedica tiempo a observarnos está dejando de hacer otra cosa. En un entorno donde la energía y las oportunidades de alimentación son especialmente importantes, evitar perturbaciones innecesarias tiene más valor que limitarse a evitar reacciones dramáticas.

 

En el mar, deje que la fauna decida

La misma filosofía se aplica a los encuentros en el agua. Ballenas, delfines y otros cetáceos pueden sentir curiosidad y acercarse voluntariamente a barcos o pequeñas embarcaciones.

Cuando esto sucede, la interacción debe permanecer bajo el control de los animales. AECO  recomienda que, si los cetáceos deciden quedarse cerca de una embarcación, la deriva pasiva pueda ser preferible a perseguirlos activamente. Esto invierte la idea habitual de observar fauna.

En lugar de preguntarnos ¿Cómo podemos acercarnos más?, preguntamos: ¿Qué está eligiendo hacer el animal? Ese pequeño cambio de perspectiva puede marcar una enorme diferencia.

 

Los mejores encuentros no pueden prepararse

Los viajes de expedición ofrecen algo cada vez más difícil de encontrar: la oportunidad de observar fauna en lugares donde la naturaleza sigue marcando las reglas. No hay apariciones garantizadas, espectáculos programados ni promesas de que un animal permanezca exactamente donde nos gustaría.

Y precisamente eso es lo que hace que estos encuentros sean tan especiales. Para Mystic Cruises, explorar de forma responsable significa vivir estos momentos con curiosidad, paciencia y respeto. Ver un animal es solo una parte de la experiencia. Comprender su comportamiento, y reconocer nuestra propia influencia sobre él, nos permite experimentar el Ártico según sus propias reglas.

Porque el valor de un encuentro con la fauna nunca debería medirse por lo cerca que conseguimos estar. A veces, el mayor privilegio es simplemente estar allí sin cambiar lo que sucede después.

 

Preguntas frecuentes

 

¿Cómo saber si un animal del Ártico está siendo perturbado?

Las señales varían según la especie, pero pueden incluir un mayor estado de alerta, levantar repetidamente la cabeza, interrumpir la alimentación o el descanso, cambiar de dirección, vocalizar o intentar alejarse. No es necesaria una huida evidente para que exista perturbación.

 

¿A qué distancia se puede observar un oso polar en Svalbard?

La distancia mínima legal es de 300 metros. Entre el 1 de marzo y el 30 de junio, aumenta hasta 500 metros, periodo en el que los osos polares son especialmente vulnerables a las perturbaciones. También debe evitarse perturbar, atraer o perseguir a los animales.

 

¿Por qué la distancia por sí sola no es suficiente?

Cada animal responde de forma diferente a las personas, las embarcaciones, el ruido y el movimiento. Incluso respetando una distancia recomendada o legal, un cambio de comportamiento puede indicar que el encuentro ya está afectando al animal.

 

¿Hay que acercarse a un zorro ártico si parece curioso?

No. Lo adecuado es permitir que sea el propio zorro quien decida si quiere acercarse y nunca alimentarlo ni intentar tocarlo. También debe limitarse el tiempo pasado cerca del animal, especialmente en zonas de madriguera.

 

¿Qué debe hacer una embarcación si una ballena se acerca?

Si el animal se aproxima voluntariamente y permanece junto a la embarcación, debe permitírsele controlar la interacción. En determinadas situaciones, permanecer a la deriva puede ser preferible a seguirlo activamente.

 

¿Cuál es el principio principal de la observación responsable de la fauna del Ártico?

Observar a los animales sin modificar innecesariamente su comportamiento natural. En la práctica, implica mantener una distancia adecuada, prestar atención a sus reacciones y estar preparados para detenerse, retroceder o abandonar la zona cuando sea necesario.

Artículos recientes 

Tripulantes en el Ártico recogiendo residuos durante una actividad de limpieza costera

Proteger el Ártico

Conozca las acciones de limpieza costera promovidas por Mystic Cruises en Svalbard y descubra cómo tripulación y huéspedes contribuyen a proteger el Ártico.

Leer más