Cómo navegamos por las últimas zonas salvajes del planeta sin dejar rastro
Hay un silencio particular en el momento en que uno de nuestros barcos reduce la velocidad ante una ballena jorobada o un grupo de pingüinos emperador. Ese silencio no es casual: es el resultado de años de protocolos, formación y compromisos internacionales que convierten cada expedición en un ejercicio de respeto por la vida salvaje.
En Mystic Cruises, creemos que viajar hasta las regiones más remotas del planeta es un privilegio que exige responsabilidad. La Antártida y el Ártico se encuentran entre los últimos santuarios de fauna del mundo y, precisamente por su fragilidad, nos obligan a operar conforme a los estándares más exigentes del sector. Proteger la vida salvaje que nuestros huéspedes tienen el privilegio de observar forma parte esencial de lo que somos.
Un compromiso reconocido por entidades internacionales
Nuestra forma de navegar no es solo el resultado de buenas intenciones: se apoya en una red de compromisos públicos con algunas de las organizaciones más creíbles del sector.
Como miembros de IAATO (International Association of Antarctica Tour Operators), seguimos rigurosamente las directrices que regulan el turismo en la Antártida desde 1991, garantizando que cada desembarco, cada observación y cada ruta minimicen el impacto sobre las colonias de pingüinos, focas y aves marinas.
En el Ártico, nuestra actividad está enmarcada por AECO (Association of Arctic Expedition Cruise Operators), cuyas normas protegen no solo a los osos polares, las morsas y las ballenas boreales, sino también a las comunidades locales que comparten el territorio con ellos.
También somos miembros de CLIA (Cruise Lines International Association), contamos con la certificación Green Marine Europe, -uno de los programas medioambientales más exigentes del sector marítimo- y formamos parte, a través de MysticInvest Holding, de United Nations Global Compact Network, alineando nuestra operación con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas.
Protocolos concretos que protegen a quienes viven allí
En alta mar y en tierra, la protección de la fauna se traduce en prácticas muy concretas, que nuestra tripulación y nuestros equipos de expedición aplican en cada viaje:
- Distancia mínima de observación: nuestros Zodiacs reducen la velocidad y mantienen distancias seguras siempre que se acercan a ballenas, focas o aves, permitiendo que los animales mantengan el control de la interacción.
- Grupos reducidos en tierra: siguiendo las normas de IAATO, nunca hay más de 100 huéspedes en tierra al mismo tiempo, y cada desembarco va acompañado por guías especializados en una proporción que garantiza una supervisión atenta.
- Bioseguridad rigurosa: antes de cada desembarco, ropa, mochilas y calzado se cepillan, aspiran y desinfectan para impedir la introducción de semillas, esporas o microorganismos que puedan contaminar ecosistemas sensibles.
- Rutas planificadas para evitar colonias en periodos críticos: durante las épocas de nidificación o cría, ajustamos los itinerarios para no perturbar momentos vitales del ciclo de vida de las especies.
- Cero vertidos en aguas polares: operamos con una política de tolerancia cero para vertidos de plástico y residuos, con sistemas de tratamiento a bordo que van más allá de lo exigido por la normativa internacional.
Tecnología al servicio del silencio
La protección de la fauna comienza mucho antes del momento de la observación: empieza en el diseño de los propios barcos. Nuestra flota de expedición incorpora sistemas de propulsión híbrida, cascos optimizados para reducir la firma acústica submarina y soluciones de eficiencia energética que disminuyen las emisiones y el consumo de combustible.
Sabemos que el ruido submarino es una de las principales amenazas invisibles para cetáceos y pinnípedos. Por eso, reducir la huella sonora es tan importante como reducir la huella de carbono. Cada nudo menos de velocidad en una zona de avistamiento, cada maniobra realizada con motores en modo silencioso, representa un gesto de respeto hacia quienes viven allí.
Ciencia a bordo: observar para proteger
En nuestros cruceros de expedición, los huéspedes viajan junto a biólogos marinos, ornitólogos y glaciólogos. Esta presencia científica permanente permite convertir cada viaje en una contribución real al conocimiento de los ecosistemas polares: los datos recogidos en colaboración con instituciones asociadas alimentan programas internacionales de seguimiento de ballenas, aves marinas y hielo marino.
Nuestros huéspedes también pasan a formar parte de este esfuerzo. A través de iniciativas de ciencia ciudadana, se les invita a registrar avistamientos, fotografiar patrones de identificación de ballenas y compartir sus observaciones con bases de datos globales. Viajar con nosotros es, en este sentido, contribuir activamente a proteger aquello que se ha venido a admirar.
El privilegio de navegar, la obligación de preservar
Cada ballena que emerge junto a nuestro barco, cada pingüino que cruza una playa helada, cada oso que camina sobre el hielo del Ártico es un recordatorio de que estos lugares no nos pertenecen: solo los visitamos. En Mystic Cruises, lo hacemos con la convicción de que el verdadero lujo, en estos destinos, es dejarlos intactos para las generaciones que vendrán después.
Porque proteger la fauna polar no es una opción dentro de nuestra operación. Es la razón por la que nuestra operación existe.